La web de la Casa Blanca

La web de la Casa Blanca como dispositivo ideológico

Diseño, poder y propaganda en la nueva comunicación institucional

Hace algunos años, en el marco de un proyecto de análisis de UX/UI aplicado a webs gubernamentales, tuve que revisar decenas de sitios y una de las referencias que destacaba por encima de muchas otras era la web oficial de la Casa Blanca.

No por espectacularidad visual ni por grandilocuencia política, sino por algo mucho más difícil de conseguir en entornos institucionales: equilibrio. Entre diseño, accesibilidad y función pública. Informaba, ordenaba, contextualizaba. El presidente estaba presente, sí, pero subordinado a algo más importante: la institución y el ciudadano.

Ese equilibrio hoy ha desaparecido.

De portal institucional a tráiler presidencial

El rediseño de la web bajo la administración de Donald Trump no es una simple actualización estética. Es un cambio de paradigma. La homepage ya no actúa como puerta de entrada al gobierno de un país, sino como un reel cinematográfico del líder.

Vídeos en bucle, planos épicos, helicópteros, banderas, militares, filtros cálidos y una narrativa visual constante que no explica políticas públicas, sino que construye una mitología personal. La experiencia ya no está pensada para informar, sino para provocar una emoción concreta: orgullo, fuerza, pertenencia.

Desde el punto de vista técnico y de experiencia de usuario, el resultado es eficaz. Precisamente por eso es preocupante. Pero el problema no está en el cómo, sino en el para qué.

UX impecable, intención ideológica

Toda interfaz comunica valores.
Toda jerarquía visual es una toma de partido.
Todo diseño institucional es, inevitablemente, político.

En esta nueva web, la UX no está al servicio de la comprensión, sino de la adhesión emocional. El usuario no entra a entender el funcionamiento del Estado, sino a consumir un relato. La institución deja de ser mediadora y se convierte en escenario.

Hay decisiones —como la eliminación de cualquier idioma que no sea el inglés— que revelan con claridad la ideología subyacente. No es una cuestión de eficiencia: es una exclusión simbólica. El mensaje es claro: esta web no habla a todos, habla a los nuestros.

El ecosistema digital de la ultraderecha

Nada de esto ocurre de forma aislada. El rediseño encaja perfectamente dentro del ecosistema comunicativo de la ultraderecha digital, donde la información ha sido sustituida por narrativa, y la narrativa por identidad.

La lógica es la misma que rige en plataformas como Truth Social: espacios cerrados, autorreferenciales, diseñados para reforzar creencias, no para contrastarlas. El diseño, el vídeo y la interfaz actúan como dispositivos de poder simbólico.

La web de la Casa Blanca se convierte así en una extensión más de ese ecosistema. No se derriba la institución: se vacía de significado democrático y se rellena con épica personal. El edificio sigue en pie, pero ya no sostiene lo mismo.

Históricamente, la web de la Casa Blanca —con Bush, Obama, Biden e incluso el propio Trump en su primer mandato— mantenía una constante: foto del presidente, sí, pero acompañada de objetivos claros, noticias, estructura, contexto.

Hoy eso se ha diluido. Los objetivos existen, pero quedan subordinados al relato visual.
La política se presenta como marca. El gobierno como storytelling.

Y cuando el storytelling sustituye a la rendición de cuentas, el problema ya no es estético. Es democrático.

El contraste necesario: cuando el diseño sirve al ciudadano

Web UK
Web UK

Frente a este modelo, resulta especialmente revelador mirar al extremo opuesto. Uno de los ejemplos más sólidos de comunicación institucional digital sigue siendo la web del Gobierno del Reino Unido, accesible a través de gov.uk.

Aquí no hay líderes en primer plano. No hay épica visual. No hay emoción inducida.

Hay algo mucho más difícil de encontrar hoy en día: servicio público.

Gov.uk es radical precisamente porque renuncia al espectáculo. Su diseño elimina lo superfluo para priorizar claridad, accesibilidad y eficiencia. No busca persuasión, busca resolver problemas reales. No construye relato, construye infraestructura cívica.

Mientras la Casa Blanca actúa como un anuncio permanente, Gov.uk funciona como un manual de instrucciones del Estado. Y en esa sobriedad hay una idea de poder profundamente distinta: un poder que no necesita exhibirse para legitimarse.

Dos modelos, dos ideas de democracia

La comparación no es estética, es política.

Un modelo entiende la comunicación institucional como una herramienta de dominación simbólica, donde el diseño sirve al líder y la emoción sustituye a la rendición de cuentas.
El otro entiende la comunicación como infraestructura democrática, donde el diseño sirve al ciudadano y la neutralidad es una forma de respeto.

Uno necesita impacto constante para existir. El otro confía en la coherencia, la repetición y la claridad.

Uno convierte el Estado en espectáculo. El otro lo mantiene como servicio.

Cuando el Estado actúa como influencer

La nueva web de la Casa Blanca no es un accidente ni una excentricidad. Es la consecuencia lógica de una época en la que el poder ha aprendido que comunicar no es explicar, sino dominar el relato.

Pero cuando una institución adopta las herramientas del marketing personal, pierde algo esencial: la legitimidad de hablar en nombre de todos.

El diseño puede ser brillante. La UX puede ser impecable. Pero si el propósito es convertir lo público en un escenario personal, entonces no estamos ante innovación digital, sino ante una colonización simbólica del Estado.

Y eso, por muy bien diseñado que esté, nos da una idea de la degradación de la democracia a la que nos enfrentamos.